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Senderos de Frontera: Una ventana abierta al Duero

Fuente: Salamancartvaldia.es

LOS SENDEROS DE FRONTERA son una gran ventana al río Duero que, con cuatro caminos diferentes, permiten conocer sin prisas el sur de la comarca de Las Arribes del Duero recorriendo hermosos parajes del Parque Natural y localidades interesantes del entorno.

1- El Sendero del Aceite: de 11,5 kilómetros discurre entre olivares y almendrales de San Felices de los Gallegos y Ahigal de los Aceiteros. El paisaje que rodea a ambos municipios lleva siglos contando la historia de la relación del ser humano y uno de los árboles que le ha acompañado desde los albores de la agricultura: el olivo.
Este paisaje modelado por el aceite de oliva, su cultura y las huellas que ha dejado en las gentes de estos pueblos es el protagonista de este camino circular que une el conjunto histórico de San Felices y Ahigal de los Aceiteros.

El sendero recorrido transcurre por terrenos suaves, sin apenas pendientes, arropado por almendrales y olivos, a veces interrumpido por fuentes de piedra medievales, molinos centenarios y puentes barrocos.
También merecen distraer la atención del caminante el museo del Lagar del Mudo en San Felices y la almazara de Ahigal.

2- El Sendero de la Barca: circular de cinco kilómetros por el término de Vilvestre, ofrece algunas de las vistas más espectaculares que se pueden contemplar del río Duero. Entre huertas y cortinas este sendero conducirá al paseante por antiguos caminos empedrados hacia parajes que ofrecen algunas de las perspectivas más impresionantes de Las Arribes del río Duero.

Caminos utilizados desde tiempos inmemoriales por los arrieros y carreteros que transportaban mercancías desde España o Portugal al muelle de La Barca para cruzar la frontera fluvial y vender los productos en los mercados del país vecino. Caminos de frontera por donde también circularon vecinos, curiosos, contrabandistas,  negociantes, y se transportaron ideas, lenguajes y esperanzas.
Este sendero tiene subidas y bajadas que obligan al caminante a realizar algunos pequeños esfuerzos que se ven compensados por la belleza del paisaje y la historia del camino.

3- El Sendero de los Frutos: parte de Ahigal de los Aceiteros y en sus nueve kilómetros de recorrido el caminante podrá descubrir esos escenarios tan desconocidos como son Las Arribes del río Águeda.

Desde Ahigal hasta el paraje de La Carrasquera, un camino de ida y vuelta fáciles de andar entre cortinas y cotos dedicados al pastoreo y a los cultivos tradicionales de Las Arribes hasta las cercanías del valle abrigado del río Águeda, donde el paisaje se vuelve más agreste. Allí comienza un bosque cerrado de carrascos que llega al final del sendero, un buen lugar para contemplar Las Arribes del Águeda, observar la naturaleza en su estado más salvaje y perder la mirada en el cielo, desde donde el águila azor, el buitre leonado o el alimoche vigilan el valle silencioso.
Un sendero que ha sido diseñado para disfrutar y comprender este espacio natural como una pequeña síntesis del paisaje arribeño. En el trayecto pueden descubrirse los frutos silvestres y los cultivados, que han sido y son las esencias de la vida en este territorio, junto a los esfuerzos del hombre para transformar este paisaje agreste en terreno humanizado y fértil.

4- El Sendero de las Piedras Mágicas: circular de nueve kilómetros en los alrededores de La Redonda, descubre lugares señalados por la historia o por las leyendas, que la tradición popular ha elevado a la categoría de realidad. Los alrededores de esta localidad ofrecen un paisaje sencillo, pero de una belleza singular al que la historia, la imaginación del hombre y la tradición popular han añadido un guiño de misterio y ciertas dosis de efectos mágicos.
Este sendero circular, sin dificultades orográficas, transcurre entre callejas, restos de calzada romana y las orillas floridas del río Morgáez.

El camino sale a la búsqueda de aquellos lugares que están señalados por la historia, como el dolmen de los Pedazos de la Mata o forman parte de la historia, como la piedra del Perdón o sencillamente conservan el recuerdo de la vida cotidiana, como el lavadero y el chozo de las lavanderas.
Fuentes, pontones, puentes, lanchas y enterramientos completan esta colección de piedras milenarias, ungidas por el tiempo y las propiedades que el hombre les ha otorgado.

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